Percibo como la música vuela libre por encima de mí cabeza
como algo físico, envolvente,
la detecto en un susurro, temblequeo del aire,
vibración entrecortada
que me incita a entornar los ojos
y me sobrecoge.
Intuyo mi mirada inquieta y a la vez distante,
algo turbia y algo vaga,
y no obstante agolpárseme las sensaciones
no siento casi nada.
Quizás sea el alcohol,
pero con el alcohol no soy yo enteramente
y hoy necesito encontrarme entre tanta confusión,
necesito saber que mis palabras son mías,
y que esa sensación amarga de respirar
aunque no sea del todo propia no es tan poco del todo ajena.
Siento sin sentir o tal vez, quién sabe, sienta demasiado
y se me junten por ello las palabras
en mil preguntas sin respuestas.
Camino a trompicones
rozándome con las esquinas;
tambaleándome a cada paso, entre risas nerviosas que me fluyen sin sentido,
pero no caigo.
Tengo tibia también el alma
y la noto, aunque confusa, latiéndome en las sienes,
trepando como un zarcillo por la pared rugosa de la inconsciencia.
Tengo tantas cosas a la vez
y tan contradictorias.
También tengo, - qué no me olvide … . -
¡ Placado! Otra vez los puntos suspensivos,
compañeros de siempre,
marcándome el camino sempiterno
que conduce a ninguna parte
y que interrumpo y reanudo para volverlo a interrumpir una vez más.
Y así, otra vez a empezar cuando el vaivén de la sensación difusa
se torna sentimiento latente - claro -, pero también vacío y muerto.
Otra vez otra vez
y una vez más,
y yo en medio,
ausente, a pesar de mí, pero en medio, como siempre,
reviviendo retazos indefinidos de momentos pasados;
espectador distante, sí; pero nunca, nunca demasiado lejos.
como algo físico, envolvente,
la detecto en un susurro, temblequeo del aire,
vibración entrecortada
que me incita a entornar los ojos
y me sobrecoge.
Intuyo mi mirada inquieta y a la vez distante,
algo turbia y algo vaga,
y no obstante agolpárseme las sensaciones
no siento casi nada.
Quizás sea el alcohol,
pero con el alcohol no soy yo enteramente
y hoy necesito encontrarme entre tanta confusión,
necesito saber que mis palabras son mías,
y que esa sensación amarga de respirar
aunque no sea del todo propia no es tan poco del todo ajena.
Siento sin sentir o tal vez, quién sabe, sienta demasiado
y se me junten por ello las palabras
en mil preguntas sin respuestas.
Camino a trompicones
rozándome con las esquinas;
tambaleándome a cada paso, entre risas nerviosas que me fluyen sin sentido,
pero no caigo.
Tengo tibia también el alma
y la noto, aunque confusa, latiéndome en las sienes,
trepando como un zarcillo por la pared rugosa de la inconsciencia.
Tengo tantas cosas a la vez
y tan contradictorias.
También tengo, - qué no me olvide … . -
¡ Placado! Otra vez los puntos suspensivos,
compañeros de siempre,
marcándome el camino sempiterno
que conduce a ninguna parte
y que interrumpo y reanudo para volverlo a interrumpir una vez más.
Y así, otra vez a empezar cuando el vaivén de la sensación difusa
se torna sentimiento latente - claro -, pero también vacío y muerto.
Otra vez otra vez
y una vez más,
y yo en medio,
ausente, a pesar de mí, pero en medio, como siempre,
reviviendo retazos indefinidos de momentos pasados;
espectador distante, sí; pero nunca, nunca demasiado lejos.
