Sunday, August 13, 2006

Dieciocho años y mirar al mar.
Sentir como la sangre fluye nerviosa en tu mano,
y fluye nerviosa en la mano de ella,
que ya no sabes si es de ella o es tuya,
y te golpea, y me golpea;
recital de sensaciones
en el breve lapsus de una mirada furtiva.
La luna en medio, amarilla-naranja, redonda, plena, insultante,
sólo para nosotros,
y nosotros solos en el mundo.
¿Para qué más?
No corre el tiempo.
El tiempo no existe,
y constante y estable se diluye en espacios sin orden,
ni cadencia, ni ritmo.
Nos tragamos el tiempo a bocanadas sin apenas abrir la boca,
bastante tenemos con amortiguar los latidos de nuestros pensamientos
y acompasar la respiración
a mil, sin abrir la boca.
¡Que irreverente
pensar que solo existimos los dos!
Tan superficiales,
y ajenos;
tan plenos, sin recurrir a las palabras
que fluyen libres en nuestras miradas.
Y el mar en medio, bravo,
insultante,
danzarín y divertido.
El mar recuperando su propia esencia de mar,
salobre, denso y aislado en su inmensidad,
o quizás por ello.
Pero ...
¿Cuánto dura un beso con sabor a beso?
¿Cuándo pierde una mirada el brillo de la emoción?
¿Cuánto tardar en remansarse la sangre y desfallecen los latidos
antes de dormirse para siempre?
¿Cuánto tarda el tiempo en darse cuenta de que es tiempo?
No conozco ninguna de las respuestas, esta claro,
pero ayer mismo leí esto y me dio miedo: ¿mira que si todo se reduce
a calzarse cada mañana los vaqueros rotos mientras miles de avispas revolotean sobre mi cabeza...?
Y entonces, ...
¿cuánto dura un vaquero roto?;
y una avispa, ¿cuánto vive una avispa ?