Sunday, November 26, 2006

Un paso
y otro paso,
y otro siempre después titubeante,
y con el miedo en los ojos a lo desconocido,
y a la gravedad que tira de ti, sin tu quererlo,
y al recuerdo que, como es recuerdo,
no sabes como quitártelo de encima,
y te invade insalvable,
y denso,
y pegajoso.
Que a veces se convierte en añoranza,
y en sensación amiga,
que aún deja ese olor a limpio y a perfume fresco y conocido en tu entorno,
y a vida vivida,
y a batalla sin victoria ni derrota,
y a paz para siempre que dura un segundo
y vuelta a empezar.
Un paso, si; lo sé,
pero no soy capaz de verte por ninguna parte;
y otro paso, - es necesario -, también lo se, y ya ni siquiera siento vértigo,
y hasta el miedo parece diluirse, y eso me da más miedo aún
y no quiero. No quiero no querer.
No quiero saber “que la primavera dura un segundo”,
porque yo también quise "escribir la canción más hermosa del mundo",
y sin embargo no estás
y ya me sobran las palabras.
¿Un paso ? No, nunca más, ¿para qué?, y me siento aquí,
y aquí me quedo
mirando, por mirar, a ninguna parte.

Sunday, November 12, 2006

Cuanto desamor en una sola palabra de cinco letras.
Cruzamos las miradas
como se cruzan dos navíos en una noche de bruma,
con recelo y a distancia
pero siempre guardando el rumbo;
pidiendo perdón por ello
huimos, sin darnos casi cuenta, de la luz brillante pero hoy tenue y nublada de los ojos,
nuestros ojos que fueron como faros
que lo iluminaban todo
y se reían,
y se reían y saltaban,
y en ocasiones tenían que callarse para no acomplejar al mundo,
porque el mundo era eso: mundo, y viejo, y triste, y distante, y turbio.
Nos cruzamos con sigilo, para no encontrarnos,
lo mejor que supimos por miedo a mirarnos otra vez y descubrir que éramos nosotros y no los demás;
nosotros, tú y yo, -- ¡nosotros nunca más!--,
los de tantas noches calidas y llenas de palabras y de gestos,
y de miradas cómplices,
nosotros que nunca habíamos sabido ser dos,
contentándonos con ser sólo nosotros.
Tuve que beberme el llanto para no verme llorar en aquel duelo absurdo por la muerte de tantos momentos vivos.
Tuve que acostumbrarme al silencio que siempre huyó de nuestro entorno sin espacio donde acurrucarse y habitar.
Tuve que contentarme con un beso breve,
casi un roce sin sentido;
y con unos pasos andados y otros desandados hacia la distancia
donde se encuentra con el olvido.
Tuve que contentarme con el mar
meciéndose como siempre en su jaula sin barrotes, un paso adelante y otro atrás;
y con la luna que como casi siempre no estaba
buscándose a sí misma.
Me quedé sólo, en silencio y con el alma muerta.
Cinco letras; sólo cinco letras y el desamor infinito, y yo en medio sin saber a dónde ir ni qué hacer.
¡Adiós, amor!;¡ adios!. ¡Amor…. ..... ...... !